“Estamos hechos del mismo material del que se tejen los sueños” Williams Shakespeare “La tempestad”

“Estamos hechos del mismo material del que se tejen los sueños”, es una expresión poético- filosófica, de uno de los más grandes escritores de la historia de la literatura, tanto, que su contemporáneo, Ben Jonson, dijo de él: “Shakespeare no pertenece a una sola época sino a la eternidad.”
Prueba de ello es su vigencia en nuestros días.
La Tempestad fue montada en escena veinticuatro años antes de la publicación de La vida es sueño (1635), de Calderón de la Barca, donde aparece el conmovedor monólogo de Segismundo (transcribo su conclusión): ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños… sueños son.

“La escritura de Dios”, cuento borgiano, contiene un sueño, el sueño de Tzinacán, que es un sueño dentro de otro sueño, que a su vez se encuentra en otro sueño. En “Las ruinas circulares”, un hombre tiene el proyecto de soñar a otro hombre, y acaba descubriendo que, también él, es la imagen de otro sueño. En ambos cuentos, Borges está sugiriendo la posibilidad de que toda la realidad no sea más que un sueño.

La literatura y la vida como un sueño han hecho simbiosis irreductible en las obras de los autores de todos los tiempos. Del mismo modo, en el espectáculo artístico del carnaval, sueño y fantasía se conjugan con la realidad para la realización de una identidad imaginada.

El grito de Carnaval convoca a la más democrática fiesta de la imaginación, que acude al sueño de la fantasía repleta de luz y color. Los artistas se convierten en seres disponibles a la voluntad de esta divinidad suprema e ilusoria. Un inmenso acto de fe reúne, en este paraíso provisorio, a las más diversas personas. Los hermana el entusiasmo, la alegría comunicativa, el trabajo mancomunado, el alimento compartido; los identifica la misma irrupción de energías vitales, que se desbordan, caudalosas, fraternas, delirantes, en “el ambiente de la acción y en entusiasmo que es la palanca omnipotente”, según palabras de Rodó.
El sueño apela al público con las fuerzas impulsoras de su creación artística, cada participante deja de ser quien es para convertirse en la identidad artística soñada. Durante tres días ganan un mundo nuevo, el de su propia ilusión, que acaba por contaminar la realidad de los otros. Así, la magia del carrus navalis transporta, a los soñadores, con el material del que están hechos los sueños.

Escribe Celeste Paiva

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