Las reciente crecidas del río Cuareim volvieron a poner sobre la mesa la necesidad de avanzar en políticas de prevención y planificación para reducir el impacto de los fenómenos de inundación que afectan periódicamente a la ciudad de Artigas.
En ese contexto, el ingeniero Xavier, integrante del Frente Amplio, recordó que desde hace varios años existen propuestas vinculadas al manejo de los recursos hídricos de la cuenca del Cuareim y a la construcción de embalses en algunos de sus afluentes.
El planteo, según explicó, fue incorporado al plan estratégico elaborado durante el gobierno departamental de Patricia Ayala, y contemplaba la construcción de embalses con diferentes objetivos.
Xavier explicó que la propuesta no estaba pensada exclusivamente como una herramienta para enfrentar las inundaciones, sino que los embalses podrían generar distintos beneficios para el departamento.
Entre ellos mencionó la posibilidad de asegurar reservas importantes de agua dulce, que podrían ser utilizadas para favorecer las actividades productivas y, eventualmente, desarrollar emprendimientos vinculados al turismo.
Pero además existe un componente relacionado directamente con las crecidas.
Según explicó, mediante una planificación adecuada, estos embalses podrían funcionar como una suerte de amortiguador de las olas de crecida, demorando el pasaje del agua hacia las zonas urbanas.
“Son algunas estrategias que se aplican en algunas ciudades para demorar el pasaje del agua y hacer que la crecida no sea tan importante”, explicó.
El ingeniero aclaró que una infraestructura de este tipo no eliminaría el riesgo de inundaciones, pero sí podría contribuir a reducir, en determinadas circunstancias, los niveles máximos que alcanza el agua.
Para ello, señaló, resulta fundamental contar con una planificación previa que permita determinar cómo operar los embalses frente a distintos escenarios hidrológicos.
Xavier también se refirió a las condiciones que favorecen las crecidas rápidas que se registran en Artigas.
Explicó que cuando se producen lluvias muy intensas en períodos cortos y aguas arriba de la ciudad, el comportamiento del suelo adquiere especial importancia.
En situaciones como la actual, cuando el subsuelo ya se encuentra con una elevada saturación y prácticamente al límite de su capacidad de retención, una proporción mayor del agua caída termina transformándose en escurrimiento superficial.
Ese volumen de agua llega rápidamente a los cursos de agua y puede generar aumentos importantes de nivel en períodos relativamente breves.
En ese escenario, la planificación de obras destinadas a regular o demorar parte de ese escurrimiento aparece, según el planteo, como una herramienta para reducir el impacto de las crecidas.
Durante la entrevista, el ingeniero también planteó otra cuestión vinculada directamente con la gestión del riesgo: cómo se fue desarrollando urbanísticamente la ciudad de Artigas.
Xavier recordó la existencia de un plano de planificación de la ciudad elaborado en 1925, actualmente disponible en el archivo del Ministerio de Transporte y Obras Públicas.
Según explicó, al analizar ese documento histórico puede observarse que determinadas áreas que actualmente forman parte de la trama urbana habían quedado originalmente fuera de la planificación.
Entre ellas mencionó sectores ubicados por debajo de 18 de Julio y Blandengues, además de zonas identificadas como inundables, como el área del Pirata y San Vicente.
De acuerdo con su interpretación, aquella planificación inicial había contemplado las características naturales del territorio y evitado incorporar determinados sectores a la urbanización.
El ingeniero cuestionó las decisiones adoptadas posteriormente que permitieron la expansión de la ciudad hacia esas zonas.
Según señaló, desde el gobierno departamental se fueron tomando decisiones que llevaron a la urbanización y subdivisión de terrenos que presentaban riesgo de inundación.
En muchos casos, afirmó, se trataba de predios municipales que posteriormente fueron otorgados a ocupantes para la construcción de viviendas.
Para Xavier, esa evolución urbanística terminó generando una situación que hoy aumenta la exposición de determinados sectores de la población frente a las crecidas.
Calificó esas decisiones como “un error técnico indiscutible” y sostuvo que no existe una justificación desde el punto de vista técnico para promover construcciones en áreas que presentan riesgo de inundación.
El planteo vuelve a colocar en el centro del debate la necesidad de abordar las inundaciones no solamente desde la emergencia, cuando el agua ya alcanzó niveles críticos, sino también desde una perspectiva de prevención y planificación territorial.
Para Xavier, las soluciones requieren analizar conjuntamente el comportamiento de la cuenca del Cuareim, la posibilidad de regular parte de los escurrimientos mediante obras hidráulicas y el crecimiento de la ciudad.
La discusión sobre eventuales embalses en la cuenca, junto con la revisión de las áreas urbanizadas y la planificación de futuras expansiones, forman parte de una problemática que excede la respuesta inmediata ante cada crecida y plantea la necesidad de adoptar medidas de largo plazo para reducir la vulnerabilidad de Artigas frente a los fenómenos climáticos extremos.