Diciembre no es solo el cierre de un año, sino también el tiempo donde el esfuerzo de meses se transforma en sonrisas. Ana Borges lo sabe bien. Desde hace 19 años, su nombre está ligado a los días más esperados por los niños: Navidad, Fin de Año y Reyes.
Con todo ya organizado, este martes el comedor abrirá sus puertas para el tradicional almuerzo navideño. El menú constará de: pollo asado, arroz y ensalada, preparados con dedicación. Durante la semana continuará el café matutino, un espacio cotidiano que sostiene a muchas familias, y el 25 por la tarde llegará el momento más esperado: la visita de Papá Noel y Mamá Noel, una escena que se repite año tras año y que sigue despertando la misma ilusión.
Las actividades no terminan ahí. El próximo sábado, en el marco de los festejos de fin de año, el comedor volverá a ofrecer almuerzo, reafirmando su compromiso con quienes más lo necesitan.
Pero diciembre no solo se mide en platos servidos. También se cuenta en golosinas, juguetes y recuerdos. Ana invita a la comunidad a colaborar con lo que esté a su alcance: dulces para armar bolsitas o juguetes, nuevos o usados, que luego son reparados y preparados para la llegada de Reyes. “Son semanas que pasan volando”, dice, marcando el ritmo acelerado de estas fechas tan especiales.
Para los niños, el comedor es un punto de encuentro y de espera. Los sábados, ahora que terminaron las clases, se vuelven días ansiados. Y cuando llegan Navidad y Reyes, la expectativa crece aún más. No solo por el regalo, sino por lo que representa: un momento de alegría compartida.
Ana destaca que uno de los mayores placeres de esta tarea es restaurar juguetes: lavar muñecas, cambiarles la ropa, arreglar autitos, y luego ver la emoción en los ojos de quienes los reciben. Este año, incluso, habrá una organización diferente para que las niñas más grandes también tengan su espacio, con peluches y regalos acordes a su edad.
Después de casi dos décadas, el comedor es también un puente entre generaciones. Aquellos niños que alguna vez recibieron un oso o una cocinita hoy regresan como padres, saludan a Ana y recuerdan su infancia. Algunas madres se reconocen en viejas fotos, idénticas a las niñas que hoy asisten al lugar.
Historias que se repiten, manos que ayudan y una mesa que siempre espera. En cada diciembre, el comedor vuelve a demostrar que la solidaridad también se hereda.