Lucía Felartigas mira hacia atrás y el peso de los años se mezcla con la emoción. Son 14 años de trabajo honorario en Madrinas por la Vida, una tarea silenciosa y constante, sostenida por el compromiso con mujeres embarazadas que atraviesan situaciones de alta vulnerabilidad.
Con expectativa, Lucía cuenta que el intendente les dio la palabra, aunque la mudanza todavía no se concretó, para continuar trabajando desde otro lugar “Estamos ansiosas”, confiesa. Desde la Intendencia se les ofreció un camión para realizar el traslado, pero el proceso avanza con cautela. “Quiero dejar todo limpio y arreglado, salir bien, pasar las cosas bien”, explica, reflejando el cuidado y el respeto con el que cierra una etapa marcada por años de entrega y esfuerzo.
No es solo una mudanza física, sino también simbólica. Son 14 años trabajando por el bienestar de mujeres embarazadas en contextos difíciles, acompañándolas, conteniéndolas y ayudándolas a seguir adelante. Un camino que este año se volvió especialmente duro en lo personal.
“Fue un año muy fuerte para mí”, relata. Un año de aprendizajes y de decisiones que no fueron fáciles. El dolor más profundo llegó con la pérdida de su único hijo, fallecido a los 18 años. Luego comenzò a trabajar honorariamente en Madrinas por la Vida, acompañando a madres que atravesaban dudas y angustias, alentándolas a continuar con sus embarazos.
Hoy, muchos de aquellos bebés están a punto de cumplir 14 años. “Algunos cumplen en febrero, fueron los primeros”, recuerda con emoción. Sin embargo, el costo emocional fue alto. Lucía reconoce que tuvo que medicarse para poder dormir, atravesando noches difíciles y despertares marcados por el dolor. “Este fue un año muy duro”, repite, con la voz cargada de vivencias que dejan huella.
A pesar de todo, su historia está atravesada por la resiliencia y el compromiso. Catorce años de trabajo honorario que hablan de una vocación profunda, sostenida incluso en los momentos más dolorosos de su vida.