Para recordar a Margarita

Entiendo que lo que nos rebela contra la muerte es la condición de indiferencia que
el discurrir del universo conserva mientras nuestro psicocosmos se devasta con la
pérdida. Aunque deseosa de continuar en esta singladura, el timonel torció el rumbo
hacia el mundo inmutable del que ya nunca habrá de regresar. Con una nostalgia
anticipada, predecimos la ausencia de Margarita, que si bien ya se hacía sentir,
sabíamos que allí estaba y pensábamos que en algún momento, sus dolencias le
permitirían volver al ruedo. Recuerdo que, algún tiempo atrás, me había comentado
sobre su preocupación por el complejo disturbio renal del esposo, a partir de entonces,
y en ese hito de particulares trajines, se agudizó su enfermedad, la que ella misma se
había diagnosticado, por lo que necesitó abandonar todas las actividades por lo que
nos mantuvimos distanciadas.

Ahora, la evoco con la misma precisión que si la viera, con la sonrisa aflorando
desde la baranda de sus ojos y la voz llena de sensateces atrapantes. Con la suavidad
sin prisa de sus palabras, que acompañaban la mirada indulgente, llegó a Artigas y,
enseguida, adoptó nuevos amigos. Altruista y versátil, se desempeñó en medicina y en
el teatro, así como en ámbitos de compromiso social, educativo y de atención a la
primera infancia. En lo profesional, la doctora Grondona mantuvo una humildad
responsable frente a los colegas, y nunca dudó en plantear sus dudas ni en compartir
conocimientos. La actriz de Abrochagorda protagonizó diferentes roles, pero tanto en
los que el personaje incitaba a la reflexión, como en los graciosos, actuaba
proyectando el imaginario de manera genuina y, por lo tanto, convincente. En el plano
socioeducativo se caracterizó por el tacto, la amabilidad y la honestidad.

Supo de éxitos, de fracasos y de pérdidas insuperables, pero confió sin
restricciones, en las bonanzas que la vida le había preparado: el hijo, de un matrimonio
que no prosperó, y el vínculo que construyera con Julio Cesar (Pocho) Díaz, quien fuera
su actual esposo.

Para recordar a Margarita, en UNI3, permanecerá la imagen de la compañera de
alegría afectuosa, confiable y comprensiva, que se entregaba sin ambages, con una
apertura estimulante y sincera.

Celeste Paiva

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